Conoce a nuestros protagonistas – Melyonen

El Destino de Ámbar es un librojuego en el que tú puedes tomar el papel protagonista y hacerte tu propio personaje a medida. Pero si eres de los que prefieres comenzar a jugar de inmediato sin tener que pensar en repartir puntos o elegir habilidades, te ofrecemos la posibilidad de escoger uno de los dos personajes predeterminados que hemos creado para ti.

Hoy te presentamos a Melyonen, una de las mejores exploradoras que ha dado la isla de Ámbar.

 

MELYONEN

El frío de la madrugada primaveral te cala en los huesos pero te mantienes inmóvil, observando a tu presa. Las botas forradas de piel de conejo te mantienen los pies calientes y te parece oír a tu madre quejándose de que es la única manera de conseguir que no te mueras de frío cuando decides ir a cazar antes de que salga el sol. Pero como decía tu padre, el amanecer es un momento perfecto para conseguir las presas más codiciadas, y nadie más en la isla es capaz de seguir rastros en la penumbra como tu padre y tú.

Ahora la única con esa habilidad eres tú.

Por un momento te sientes como una tonta por haberte dejado los guantes forrados de la misma piel de conejo que tus botas, también obra de tu madre. Tus manos están comenzando a tomar un tono azulado y sólo los años de entrenamiento y tu fuerza de voluntad evitan que tiemblen como las hojas de un sauce bajo el viento. Si llevaras los guantes no tendrías tanto frío, pero tu puntería se vería gravemente disminuida, y no te puedes permitir perder esta pieza.

El ciervo pasta apaciblemente entre los árboles, confiado de que no hay nadie lo suficientemente loco como para acercarse a él cuando el manto de la noche apenas ha abandonado la tierra. Esperas pacientemente a que se acerque lo suficiente para poder matarlo con una sola flecha, una técnica que te enseñó tu padre pero que jamás has conseguido llevar a cabo de manera exitosa. Estás segura de que hoy será el día.

Se te escapa una sonrisa al recordar que tu madre siempre decía que tu padre y tú estabais locos cuando volvíais medio congelados de alguna expedición, pero notabas en sus ojos una mirada de orgullo cuando te servía un cuenco de sopa caliente para alejar el frío de tus huesos. Con este ciervo podrán comer varias familias durante algunas semanas, pues es un espécimen majestuoso. Y la Diosa sabe que necesitáis la carne, ya que hay escasez de cazadores sanos en la isla.

El frío es inusual para esta época del año, piensas cuando ves tu aliento formar nubecillas de vapor al escapar de tu boca. Tal vez este frío sea la causa de la plaga, o quizás su consecuencia: en una isla en la que casi hay ya más cadáveres frescos bajo tierra que habitantes vivos sobre ella, ¿para qué se necesita el calor del sol y el cambio de las estaciones? Temes haber quedado atrapada en un invierno perpetuo que se tragará tus huesos sin que puedas hacer nada para evitarlo.

La situación te recuerda a la última vez que tu padre y tú salisteis a cazar juntos. Una mañana de finales de invierno te sacó de la cama y te llevó al bosque.  Se aseguró que recordabas como leer las señales que los animales dejan en la tierra y en los árboles, la manera más efectiva de cazar aves al vuelo. Al volver a casa unas pocas horas después se desplomó, y murió antes del siguiente amanecer. Estás segura que al despertarse ya sabía que había caído presa de la Enfermedad del Suspiro, pero quiso pasar un último día contigo para asegurarse de que ibas a ser capaz de seguir cazando sola, sin su ayuda.

El crujir de hojas tras de ti te pone en alerta. Por un momento temes que Melan te haya seguido hasta el bosque, dispuesto a quitarte la presa que tanto tiempo te ha costado rastrear. Melan siempre te ha odiado porque le has vencido en todas las competiciones de caza, puntería y rastreo en el bosque a las que os habéis presentado. Tu padre jamás habló bien de la familia de Melan y aunque en alguna ocasión le preguntaste a qué venía ese odio, él siempre se negó a responder, cayendo en un estado melancólico cada vez que se mencionaba el tema.

Por el rabillo del ojo te das cuenta de que es sólo el viento que agita las hojas secas a tu espalda. Y entonces la sabiduría de tu padre acude a tu mente como las olas que golpean los acantilados durante la tormenta. La regla más importante para ser un buen cazador es siempre tener el viento a favor. Si tu presa puede olerte, estás perdida. Te has dejado llevar tanto por tus recuerdos y pensamientos que no te has dado cuenta de que la dirección del viento ha cambiado y que ahora sopla desde detrás de ti.

El ciervo puede olerte y levanta su cabeza alarmado, sus intrincadas astas resaltan poderosas contra los primeros rayos de luz que se filtran entre los árboles. Conteniendo una maldición, encomiendas tu flecha a la Diosa y disparas.

Esta noche podréis atemperar vuestro ánimo con un festín, que tal vez os haga olvidar la plaga que os está matando.

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